lunes, 30 de agosto de 2010

"EL GRAN ENGAÑO"


EL GRAN ENGAÑO
Mateo 7.21 dice que sólo «el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» entrará en el Reino. Si usted no vive una vida genuinamente recta, no importa lo que diga. Se engaña. Ambos párrafos con que termina este gran sermón, los versículos 21-23 y 24-27, contrastan la respuesta correcta y la equivocada a la invitación de Cris­to, y muestran que la decisión que tomamos determina nuestro destino eterno.

Recuerden que el Señor no estaba hablando a los irreligiosos, sino a personas que estaban obsesionadas con la actividad religiosa. No eran apóstatas, herejes, ateos ni agnósticos, eran personas extremadamente re­ligiosas. Sin embargo, estaban condenadas porque se engañaban a sí mismos y estaban en la senda errada. Su autoengaño pudo haber surgido de recibir la enseñanza de algún falso profeta, o tal vez aprendieron la verdad pero con todo y ello se engañaron a sí mismos.



Esta es una cuestión importante, porque estoy conven­cido de que la iglesia visible actual está literalmente reple­ta de personas que no son creyentes, pero que no lo saben. Cuando oigo estadísticas tales como que dos mil millones de personas en el mundo son cristianos y dos mil millones no lo son, me pregunto quién estableció el criterio para ser cristiano. La Biblia dice que muchos siguen la senda ancha y pocos toman la senda angosta que conduce a Cristo. La mayoría de las encuestas de opinión informan que casi la mitad de los estadounidenses afirman ser cris­tianos nacidos de nuevo, pero eso no cuadra con las Escri­turas.

Es una indicación más de cuántos viven bajo el engaño de que, debido a que se sienten bien en cuanto a Dios o a Jesús y estampan su firma en alguna encuesta, ya son cre­yentes nacidos de nuevo. Este es el colmo del engaño pro­pio. Uno puede engañarse por muchas cosas, pero enga­ñarse respecto a si uno es creyente afecta su destino eterno. Tenemos multitudes de personas engañadas que brincan alrededor del carro triunfal de Jesús pensando que todo marcha a las mil maravillas. Para ellos, el juicio va a ser una gran sorpresa.



FALSA SEGURIDAD
Así que muchos que no son salvos piensan que lo son, y van a sorprenderse al ver lo contrario cuando ya sea de­masiado tarde. Muchas veces caen en esta situación por­que tienen una falsa doctrina de seguridad. Alguien les ha dicho que si invitan a Jesús a su corazón o elevan cierta oración, o ejecutan una cierta ceremonia breve, ya están seguros en el Reino.
No podemos tomar la respuesta positiva inicial de un individuo al evangelio como garantía absoluta de que es sal­vo; ni tampoco debemos apresurarnos a descartar la incertidumbre de una persona ni desalentar el autoexamen. Solo el Espíritu Santo da seguridad genuina: «El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (Romanos 8.16). No usurpe la función del Espíritu Santo en la vida de los demás. No permita que la falsa seguridad anu­le la obra del Espíritu Santo de convencer a la persona.

La gente puede engañarse respecto a su salvación si no se autoexaminan. Pueden dejarse llevar por un marco mental en que todo es gracia y perdón, donde nunca tie­nen que molestarse haciéndole frente a su pecado. Oyen que alguien dice: «Usted no tiene que confesar su pecado porque ¡sus pecados ya han sido perdonados! No se preo­cupe por eso. ¡Simplemente siga adelante y viva su vida!» Es una especie de antinomianismo, la actitud de estar en contra o ser indiferente a la ley de Dios.



El Señor nos lleva a la mesa de su comunión vez tras vez para que cada creyente profesante pueda examinarse a sí mismo. Segunda a los Corintios 13.5 dice: «Exami­naos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reproba­dos?» Usted tiene que examinar su pecado y su motiva­ción para hacer lo que hace. Créame, si usted de veras es salvo, Dios se lo confirmará mediante el testimonio de su Espíritu al suyo. Alzar la mano o pasar al frente no tiene nada que ver con esto.





Tomado del libro "DIFÍCIL DE CREER" del Pastor John Mac Arthur.
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